Los propietarios de la finca decidieron cambiar su huerto de naranjos y jardín exótico por un jardín autóctono lleno de vida. Diseñamos un espacio para aprovecharlo al máximo, y definimos diferentes zonas con el objetivo de que el jardín diera la sensación de ser mucho más grande.

La zona de huerto, la cerramos mediante un seto de olivos, y respetamos los naranjos. El huerto lo conectamos al jardín y la casa con un camino bordeado por mirto y una pérgola de rosales y madreselva. Añadimos una fuente central recordando los antiguos jardines musulmanes. El estanque-piscina es un espacio muy emblemático del jardín, pues permite el baño entre peces. Éste se encuentra rodeado de un bosque mediterráneo en el que buscamos potenciar el otoño.

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